Producción agrícola y energía

Si bien en España muchos municipios están haciendo un considerable esfuerzo por gestionar los residuos y aumentar el porcentaje de residuo reciclado, aún estamos lejos de alcanzar las cuotas que en otros países europeos están logrando. Hoy nos vamos a fijar en una experiencia en Inglaterra donde han conseguido aunar reciclaje, producción agrícola y energía.

Los ingleses y los tomates

Como es bien sabido, a los anglosajones les encanta el tomate; lo utilizan para cocinar, forma parte de su típico desayuno, es el elemento esencial de la famosa salsa ketchup… pero la climatología en el Reino Unido no es la más favorable para el cultivo del tomate, se necesita un clima más cálido para obtener un buen sabor, un buen tamaño y una buena producción.

tomate invernadero

Ingeniería agrónoma: invernaderos

El uso de invernaderos ha supuesto un avance considerable para el aumento de la producción de aquellos cultivos que necesitan de un clima más cálido y estable. El uso de lonas o plásticos que cubren la superficie de cultivo, aunque ha mermado estéticamente hectáreas extensas, como podría ser el caso de Almería y “el mar de plástico”, ha permitido el cultivo durante todo el año, aumento de producción y poder cultivar productos restringidos a otros lugares y otros climas.

Ahora bien, aunque los invernaderos suponen una ayuda considerable al agricultor, el clima exterior marcará la temperatura que bajo las lonas se puede llegar a alcanzar, suponiendo un handicap considerable cuando hablamos de países en la zona centro-norte de Europa.

Los excedentes, la solución

¿Cómo!!!? Sí, así es. Los ingeniosos agricultores sajones a los que nos referimos han encontrado la solución para optimizar su producción en tomates, y todo comienza reciclando excedentes agrícolas: en el proveedor para mayoristas siempre hay partidas de frutas y vegetales que quedan sin venderse porque su fecha de caducidad está demasiado próxima, o bien porque no han soportado bien un viaje en barco o carretera…fruta que podría ser apta para el consumo inmediato, pero que no es apta para el circuito de comercialización. Nuestros amigos emprendedores compran grandes cantidades de estas frutas y verduras a bajo precio, las transportan hasta su finca y allí la entierran en unas zanjas que han dispuesto especialmente: sí, están haciendo compost. El compost es abono orgánico que se obtiene al dejar que tierra, productos orgánicos y el propio ciclo de la vida, bacterías e insectos incluídos, intervengan. Cuando el ciclo finaliza, obtienen kilos y kilos de valioso abono natural, libre de pesticidas y que enriquecerá sus tierras de cultivo.

¿Y eso es una novedad?

No es una novedad desde luego, la auténtica novedad es que han sido capaces de aprovechar los gases que se generan en la descomposición orgánica de la creación del compost, los han redirigido hacia un sistema de calefacción dentro de los invernaderos y…bingo!: la producción de tomates de mayor tamaño y con más rendimiento en un clima frío. Si bien el gas y su combustión continúa siendo una energía no limpia, el aprovechamiento del CO2 también influye positivamente para el crecimiento de este tipo de fruto, y es todo un ejemplo de reciclaje y rendimiento.

Experimentos como este nos hacen confiar en que llegará un día que sabremos aprovechar hasta la último protón para no desaprovechar los recursos.

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